Nunca tuve claro que esto acabaría siendo mi camino. Lo único que sabía desde pequeño era que, mientras otros se perdían entre números o reglas gramaticales, yo me encontraba cuando dibujaba. No era el mejor estudiante, pero sí el que no soltaba el lápiz en clase de plástica. Ahí, en medio de colores y manchas, me sentía cómodo. Me sentía yo.
Pintar era mi forma de estar en calma, de entender lo que no sabía decir en voz alta. Y aunque durante años lo viví como algo muy mío, muy íntimo, con el tiempo entendí que ese lenguaje podía compartirse.
Más adelante llegó la fotografía. Empecé a mirar el mundo de otra forma. A detenerme. A observar los silencios entre una calle y otra, las luces, los gestos espontáneos. Después apareció el diseño gráfico, y con él, una nueva forma de componer y comunicar. Todo se fue conectando de forma natural.
Así nació Kometa Studio: no como un proyecto planeado al detalle, sino como una evolución lógica de todo lo que soy y he ido explorando. Un espacio para crear, pero también para mostrar. Para compartir lo que hago, cómo lo hago y por qué lo hago.
Esto no va solo de arte. Va de contar, de sentir, de construir algo con intención. Y si lo que hago resuena contigo, entonces ya hay un punto de encuentro. Gracias por estar aquí.